|
Extracto de artículos
publicados en la revista
Spannabis
Magazine
El metilfenidato es una
sustancia de moda gracias a que se prescribe para el tratamiento de
niños con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
Pero no es esa su única indicación: se emplea para combatir la
narcolepsia, problema que consiste en caer dormido durante el día sin
poderlo evitar, muchas veces sin previo aviso. También se utiliza en
algunos tipos de depresión y para combatir la obesidad (como anorexígeno).
Y no podemos olvidar su uso recreacional —solo o combinado con otras
drogas—, donde no siempre abunda la prudencia.
(...)
El metilfenidato se
prescribe para el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)
en niños de más de seis años y adolescentes, como parte de una
estrategia terapéutica global, cuando otras medidas correctivas se han
mostrado insuficientes. No obstante —aclara el prospecto—, el
tratamiento con metilfenidato no está indicado en todos los niños que
presentan este síndrome, y la decisión de administrarlo debe estar
basada en la evaluación completa de la gravedad y cronicidad de los
síntomas del niño en relación con su edad.
(...)
El prospecto del nombre
de marca más conocido de metilfenidato dice que es un estimulante débil
del sistema nervioso central, con efectos más marcados sobre las
actividades mentales que sobre las físicas. Continúa admitiendo que no
se conoce bien su mecanismo de acción, pero se cree que consiste en
bloquear la recaptación de noradrenalina y de dopamina y en incrementar
la liberación de estos neurotransmisores en el espacio extraneuronal. No
está clara la forma en que ejerce sus efectos mentales y conductuales,
ni tampoco cómo estos efectos se relacionan con el sistema nervioso
central.
Además de esta presentación estándar existe la de
liberación sostenida, que se consigue gracias a un sistema que aporta de
manera inmediata cierta cantidad y gradualmente el resto, con lo que el
efecto se prolonga durante doce horas.
(...)
Una
vez descritas las presentaciones usuales de este fármaco, volvemos ahora
a la hiperactividad, la supuesta enfermedad para la que se prescribe.
Niños traviesos, revoltosos, desobedientes o distraídos los ha habido
siempre, y todos sabemos que en su gran mayoría son producto de un
ambiente poco apropiado o de una educación incorrecta o descuidada por
parte de los padres. Sin embargo, en la actualidad, cuando un niño se
muestra demasiado inquieto, despistado o rebelde se tiende a pensar que
padece el síndrome de Trastorno por Déficit de Atención con
Hiperactividad, denominado hace décadas “disfunción cerebral mínima” y
“Síndrome Hipercinético”.
(...)
El
TDAH se considera un síndrome, no una enfermedad. El mismo DSM, la
Biblia de los psiquiatras, reconoce que “no hay pruebas de laboratorio
que hayan sido establecidas como diagnósticas en la evaluación clínica
del trastorno por déficit de atención con hiperactividad. En algunos
grupos de sujetos con trastorno se ha observado que ciertas pruebas que
requieren procesamiento mental persistente ponen de manifiesto
rendimientos anómalos en comparación con sujetos de control, pero
todavía no está definido qué déficit cognoscitivo fundamental es
responsable de este fenómeno”.
A pesar de todo esto, muchos psiquiatras dicen que,
aunque el origen del TDAH es todavía desconocido, se sabe que no es
producido por problemas ambientales, familiares o sociales, sino que es
altamente genético (el 75% de la causa se atribuye a la genética) y se
origina por mal funcionamiento de neurotransmisores -dopamina y
noradrenalina- en la parte frontal del cerebro, la encargada de la
función ejecutiva.

|